Este año el Black Friday cae el viernes 27 de noviembre. Para muchas tiendas es la semana que más factura del año. Para nosotros, en la asesoría, es también el aviso de que el cierre está a la vuelta de la esquina: lo que no se venda en esos días llegará al 31 de diciembre como existencias, y habrá que valorarlo bien.

En esta entrada le contamos de dónde viene el nombre (no es lo que casi todo el mundo cree), cómo llegó a España y qué tiene que ver todo esto con la valoración del inventario de su empresa.

Un nombre que puso la policía, no los contables

Seguramente ha oído que se llama «viernes negro» porque ese día las tiendas pasaban de los números rojos a los negros. Es una explicación bonita para una asesoría, pero es falsa.

El término nació en Filadelfia a principios de los años sesenta. El día después de Acción de Gracias la ciudad se llenaba de compradores que venían de fuera a adelantar las compras de Navidad, y ese fin de semana se jugaba además el partido de fútbol americano entre el Ejército y la Marina. Atascos, accidentes, hurtos en tiendas y agentes doblando turno. Los policías empezaron a llamar a esos días Black Friday y Black Saturday, y no precisamente con cariño. Hay un boletín de relaciones públicas de 1961 que ya recoge la expresión con ese sentido (Vocabulary.com; Billy Penn).

A los comerciantes de Filadelfia no les gustó nada. Ese mismo 1961 intentaron rebautizarlo como Big Friday, sin éxito (CNN Money). La versión de los números negros llegó bastante más tarde, en los años ochenta, cuando el término ya se había extendido por todo Estados Unidos y el comercio decidió darle la vuelta a un nombre que no conseguía quitarse de encima.

Así que la contabilidad entró en la historia de rebote. Pero entró, y ahora veremos que con razón.

Cómo llegó a España

Aquí la fecha clave es 2012, y no por casualidad. Hasta ese año las rebajas en España tenían periodos fijados por ley: invierno y verano, y poco más. El Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, liberalizó esos periodos y cada comercio pasó a decidir cuándo rebajar (Vozpópuli). Sin ese cambio, un Black Friday a finales de noviembre habría sido difícil de encajar.

Apple ya había hecho alguna oferta con ese nombre en su tienda española en 2010, pero quien lo lanzó a lo grande fue MediaMarkt, con una campaña en prensa y televisión en noviembre de 2012 (Forbes España; Universidad Isabel I). Al año siguiente se sumaron El Corte Inglés e Inditex (FashionUnited), y hacia 2015 ya era una fecha fija del calendario comercial (BBVA).

Desde entonces ha crecido hasta convertirse en semana, a veces en mes, y ha arrastrado al Cyber Monday. Para muchos comercios pequeños ya no es opcional: si el vecino rebaja, usted también.

Y aquí entra el inventario

El Black Friday cae a cinco semanas del cierre del ejercicio. Lo que se vende ese fin de semana sale del almacén; lo que no, se queda en él y aparecerá en el balance a 31 de diciembre. Y la campaña deja pistas muy claras sobre cuánto vale de verdad ese stock.

Si un producto no se ha vendido ni con un 30 % de descuento, o si para darle salida ha tenido que bajarlo por debajo de lo que le costó, eso tiene una lectura contable. El Plan General de Contabilidad le obliga a reflejarlo, y Hacienda, en este caso, le deja deducirlo.

Pasillo de almacén con estanterías llenas de cajas de zapatos
Foto: Pexels

Cómo se hace la valoración del inventario

La regla está en la norma de registro y valoración 10.ª del Plan General de Contabilidad. Resumida en tres ideas:

  1. Las existencias se valoran a coste. Para la mercadería, el precio de compra más todos los gastos hasta que llega al almacén: transporte, aranceles, seguros. Los descuentos y rappels del proveedor restan. Si fabrica, el coste de producción.
  2. Hay que elegir un método para asignar ese coste. Con productos que no se pueden identificar uno a uno, el Plan admite el precio medio ponderado (el método general) y el FIFO, lo primero que entra es lo primero que sale. El LIFO no está permitido. El método elegido se mantiene de un año a otro.
  3. A cierre se compara el coste con el valor neto realizable. Es lo que espera cobrar por el producto menos lo que le costará venderlo. Si el valor neto realizable es menor que el coste, hay que registrar la diferencia como pérdida.

La tercera idea es la que conecta con el Black Friday. Un ejemplo:

ConceptoImporte
Coste unitario de unas zapatillas40,00 €
Pares que quedan sin vender tras el Black Friday120
Precio al que espera venderlas en las rebajas de enero35,00 €
Gastos de venta estimados por par (envío, comisión de la pasarela)3,00 €
Valor neto realizable por par32,00 €
Deterioro por par (40 − 32)8,00 €
Deterioro total a registrar a 31 de diciembre960,00 €

En el balance esas 120 zapatillas ya no valen 4.800 €, sino 3.840 €. Y esos 960 € van a gastos del ejercicio.

El deterioro: cómo se contabiliza y si Hacienda lo acepta

Manos revisando documentos contables con una calculadora
Foto: Pexels

En contabilidad, el deterioro del ejemplo se registra con un cargo en la cuenta 693 (Pérdidas por deterioro de existencias) y un abono en la 390 (Deterioro de valor de las mercaderías). Si en enero las zapatillas se venden mejor de lo previsto, el deterioro se revierte con la cuenta 793. No se toca la cuenta de mercaderías: la corrección va aparte.

En el Impuesto sobre Sociedades, la buena noticia es que este gasto sí es deducible. El artículo 13 de la Ley 27/2014 recorta la deducción de muchos deterioros (inmovilizado, inversiones inmobiliarias, participaciones), pero no menciona las existencias. Se aplica, por tanto, la regla general del artículo 10.3: el resultado contable bien calculado manda. Si usted es autónomo en estimación directa, el IRPF remite a estas mismas normas.

La Dirección General de Tributos lo ha confirmado varias veces. En la consulta vinculante V0293-10, de 18 de febrero de 2010, ya admitió el deterioro contable de existencias siempre que se sigan los criterios del Plan. Y en la reciente V1074-26, de 14 de mayo de 2026, sobre un cuadro comprado como Goya que resultó no serlo, recuerda que el gasto tiene que estar contabilizado, imputado en el ejercicio que toca y acreditado por el contribuyente con cualquier medio de prueba (resumen en Primera Lectura).

Esa última parte es la que se discute en las inspecciones. Hacienda no acepta un porcentaje a ojo sobre el stock «viejo»: quiere ver el valor neto realizable calculado producto a producto o por familias homogéneas, con datos detrás. Y aquí el Black Friday es su mejor aliado, porque le deja por escrito a qué precio ha conseguido vender y qué no ha salido ni rebajado.

Un apunte más: si en lugar de rebajar decide donar el stock sobrante a una entidad sin ánimo de lucro, la deducción por donativos se calcula sobre el valor contable neto, es decir, ya descontado el deterioro (Iberley).

Dos límites legales que conviene no olvidar

El precio tachado tiene que ser real. El artículo 20.1 de la Ley 7/1996, de Ordenación del Comercio Minorista, obliga a que el precio anterior que se muestra junto a la rebaja sea el más bajo aplicado a ese mismo producto en los 30 días previos. Subir precios en octubre para «rebajarlos» en noviembre está sancionado como infracción grave, y el Ministerio de Consumo ya ha multado a varias empresas por hacerlo en campañas de Black Friday (Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030). Guarde el histórico de precios: le sirve ante Consumo y, de paso, para justificar el valor neto realizable.

Vender por debajo de coste ya no está prohibido en general. Desde el Real Decreto-ley 20/2018, el artículo 14 de esa misma ley solo prohíbe la venta con pérdida cuando es desleal: por ejemplo, si engaña sobre el nivel de precios del resto de la tienda o busca expulsar a un competidor (CMS). La alimentación tiene además sus propias reglas en la Ley de la Cadena Alimentaria. Y recuerde: si ha vendido por debajo de coste, las unidades iguales que le queden en el almacén casi seguro están deterioradas.

Lo que le recomendamos hacer antes del 31 de diciembre

  1. Exporte del TPV o de la tienda online las ventas del Black Friday por referencia, con precio y descuento aplicado.
  2. Guarde capturas o informes de los precios de los 30 días anteriores a la campaña.
  3. Haga el recuento físico del almacén a 31 de diciembre y cuádrelo con el que tiene en el programa.
  4. Marque las referencias que no se vendieron ni rebajadas y las que vendió por debajo de coste.
  5. Calcule el valor neto realizable de esas referencias con precios reales (campaña, rebajas de enero, ofertas de liquidadores).
  6. Si hay producto roto, caducado u obsoleto que va a destruir, documéntelo: certificado del gestor de residuos o acta.
  7. Pásenos el listado antes del cierre para registrar el deterioro en el ejercicio correcto. Si se contabiliza tarde, puede perder la deducción de este año.

¿Le ayudamos con el cierre?

En Gatefi llevamos la contabilidad y los impuestos de comercios y pymes desde 1980. Si quiere que revisemos la valoración del inventario de su empresa antes del cierre, escríbanos a gatefi@gatefi.es, llámenos al 93 321 09 00 o mándenos un WhatsApp al 678 331 691.

Y si este año también quiere saber cuánto pagará en la Renta, eche un vistazo a nuestra simulación de la Renta 2026.